Blog sobre estimulación basal

EL PERIQUITO ANDRESITO

Érase una vez una pareja de periquitos que vivía en una tienda de animales. Un día, Mamá Periquita tuvo un bebé al que llamó Andresito. Andresito era un periquito con unas plumas de un color amarillo brillante y muy suaves.

Un día, unos señores llegaron a la tienda y se llevaron con ellos a los padres de Andresito, dejando al pobre periquito solito en su jaulita de madera. Antes de irse, los padres de Andresito le dieron un besito con sus piquitos y le pidieron que cuando fuera mayor, aprendiera a volar y fuera a buscarlos.

Cuando los papás de Andresito se fueron, él empezó a mover muy fuerte sus alitas pero el aire que producía mareaba su cabecita. Por eso, los primeros días solo podía moverlas despacio y se cansaba mucho, así que tenía que comer muchos gusanitos viscosos y beber agua fresca para poder coger fuerza. Al cabo de un tiempo,  Andresito comprobó que volaba por toda la jaula muy rápidamente y, fue entonces cuando decidió que iba a marcharse de la tienda. Para poder escaparse decidió pedir ayuda a los animales de la tienda.

Primero, fue a visitar al señor Erizo que tenía muchas púas pinchositas. El señor Erizo le dijo que no podía ayudarle porque estaba muy ocupado escuchando música. Luego visitó al señor Sapo que era muy viscoso. El señor Sapo le explicó que debía acabar un puzle y que no disponía de tiempo para él. Después, se fue a casa de las hormiguitas. Cuando llegó, las hormigas empezaron a hacerle muchas cosquillitas pero, por desgracia no podían ayudarle ya que tenían que hacer la cena.

Por último, fue a hablar con el señor Loro, que tenía unas plumas de colores muy bonitas. El señor Loro le dijo que le ayudaría a encontrar a sus padres ya que a él se le daba muy bien comunicarse con la gente. Juntos salieron de la tienda para empezar a buscar  a los papás de Andresito.

En la calle llovía y hacía mucho viento. El señor Loro preguntó a varias personas dónde estaban los padres de Andresito. Por suerte, dieron con una anciana que lo sabía y les condujo amablemente hasta ellos. Muy contentos se dirigieron hacia allí. Cuando llegaron Andresito abrazo muy fuerte a sus padres y se quedó a vivir con ellos.  Los padres les agradecieron mucho al señor Loro y a la anciana la ayuda prestada a su hijo.

FIN

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